Queridas vecinas y vecinos:
Este mes quiero recordar junto a ustedes una de las decisiones ciudadanas más importantes de los últimos años: el Rechazo del 4 de septiembre de 2022.
Ese día, millones de chilenos acudimos a las urnas y dijimos con claridad que no queríamos reemplazar nuestra Constitución por el texto que se nos proponía, un texto refundacional que provenía de una izquierda radical. Esta decisión fue democrática, contundente y que debemos valorar.
El triunfo del Rechazo demostró algo muy importante: cuando los chilenos participan y se informan, nadie puede pasar por encima de su voluntad. No importó el poder de las autoridades de turno, “los acuerdos” ni las enormes campañas que se hicieron. Finalmente, fueron los ciudadanos quienes tuvieron la última palabra.
Y eso es precisamente lo grandioso de aquel día. Chile pudo haber tomado un camino lleno de incertidumbre, pero los chilenos dijeron que no. Dijimos que los cambios que necesita nuestro país deben hacerse con responsabilidad, pensando en las familias, en los trabajadores, en nuestros barrios y en el futuro de nuestros hijos.
El Rechazo también nos dejó una lección que sigue completamente vigente: las grandes decisiones de Chile no pueden quedar encerradas en las oficinas de los políticos. La ciudadanía tiene derecho a ser escuchada y a decidir sobre su futuro.
Hoy, cuatro años después, podemos mirar aquel resultado con perspectiva. Fue una señal de que los chilenos quieren cambios, sí, pero cambios bien hechos, con sentido común y sin poner en riesgo aquello que han construido nuestros abuelos, padres y nosotros mismos para nuestros hijos.
Como diputado por el Distrito 9, creo que debemos seguir defendiendo esa voz ciudadana. Porque Chile no se construye desde las consignas; se construye escuchando a las personas que todos los días trabajan, emprenden, cuidan a sus familias y sacan adelante nuestro país.
El 2022 los chilenos dijimos Rechazo. Y esa decisión debe ser recordada como una muestra de que, en democracia, la última palabra siempre la tiene la gente.
Con afecto y compromiso,
José Carlos Meza